Videojuegos en general

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Lo que tiene Google es que empieza uno buscando un estuche para guardar su Xiaomi Yi y acaba leyendo un artículo como éste de Joe Donnelly. Cuenta con traducción de Mario Abad y se publicó en Vice España el 23 de diciembre de 2016. Al final del texto disponen ustedes de enlace a la fuente.

Según la ciencia, deberías jugar a más videojuegos violentos

Un grupo de reaccionarios pretende hacerte creer que los videojuegos violentos fomentan la violencia en la vida real, pero su postura es muy cómoda y no disponen de suficientes pruebas para probar su tesis, y las pocas que hay están basadas, en su mayoría, en investigaciones deficientes. Existen, en cambio, pruebas que sugieren que hay juegos, sobre todo los shooters en primera persona, que pueden contribuir a desarrollar determinadas partes del cerebro y a mejorar la comunicación con otras personas.

Antes de meternos de lleno en el tema, analicemos la teoría sin fundamento que defiende que el salvajismo digital provoca sed de sangre en los jugadores en la vida real:
En un estudio realizado en 2014, el profesor de Psicología de la Universidad de Florida Christopher Ferguson y su equipo analizaron la violencia en los medios a través de dos investigaciones distintas. La primera se centraba en el vínculo entre la violencia en el cine y el índice de homicidios en EUA entre 1920 y 2005, mientras que con la segunda se analizó la tasa de violencia juvenil contrastándola con la exposición a videojuegos violentos a lo largo de los últimos veinte años. El primer estudio reveló que, si bien existió una correlación entre la violencia en el cine y en la realidad durante la década de 1950, no fue así durante el resto del siglo. De hecho, los delitos violentos incluso disminuyeron en periodos en que la violencia televisada iba en aumento. La segunda investigación reveló que, pese a que los jóvenes entre 12 y 17 años estaban más expuestos a la violencia en los videojuegos, la cifra de delitos con este componente había descendido. Estos resultados, por tanto, ponen en entredicho la afirmación de que tendemos a imitar lo que vemos en una pantalla.
Asimismo, el estudio de Ferguson cuestionaba la validez de los estudios que pretendían establecer una relación de proporcionalidad entre videojuegos y violencia. Por lo general, los intentos que se han llevado a cabo de volver a llevar a cabo dichos estudios han concluido con resultados contradictorios. De hecho, posiblemente los videojuegos violentos contribuyan a reducir las agresiones reales al proporcionar a los jóvenes un modo de canalizar su agresividad o simplemente al mantener ocupada en casa a gente potencialmente violenta. En un informe publicado este año, Ferguson manifestó su desacuerdo con las palabras del ministro de Interiores alemán, Thomas de Maizière, que aseguraba que los videojuegos "sirvieron de inspiración" para la trágica matanza de 22 personas en Múnich el pasado julio. En palabras de Ferguson: "Este episodio encaja en un patrón muy familiar: un político o un agente de la policía descubren que el joven autor del delito era un aficionado a los videojuegos violentos (como la mayoría de los jóvenes) y asocia ambos hechos en una declaración pública. Por su parte, los medios de comunicación deciden dar a esta especulación sin fundamento la consideración de hecho probado y se crea una nueva oleada de pánico moral a los videojuegos violentos".

Por supuesto, los principales medios nunca han dado un mensaje claro respecto a los videojuegos violentos. Algunos artículos señalan que no propician la violencia, mientras que otros afirman lo contrario. Hay piezas que no se posicionan y aseguran categóricamente que nadie lo sabe. Tal como muestran estos dos titulares del Daily Mail, las conclusiones varían enormemente con cada nuevo estudio que sale a la luz.

Mientras el mundo sigue debatiendo sobre la moralidad de la violencia digital, la comunidad científica continúa haciendo acopio de pruebas sólidas de que los videojuegos complejos son buenos para el cerebro. En julio de este año, por ejemplo, un estudio llevado a cabo en la New York University Shanghai reveló que jugar a videojuegos de acción puede mejorar las capacidades motoras visuales de los usuarios. Los resultados mostraban dos hallazgos principales: en comparación con los novatos, los jugadores expertos mostraban una capacidad de respuesta más rápida jugando a títulos de simulación de conducción; por otro lado, un grupo de jugadores que pasó seis meses jugando al shooter Unreal Tournament mejoró su habilidad al volante en mayor medida que otro grupo que solo jugó a Mario Kart. Por tanto, el juego de disparos en primera persona resultaba más efectivo que un simulador de conducción para mejorar las habilidades motrices y fomentar una conducción segura entre los usuarios experimentados. Ello se debe, probablemente, a la complejidad que entrañan los shooters en primera persona, que requieren del jugador gran capacidad de respuesta y de tomar decisiones en entornos tridimensionales.

Otro de los estudios de Ferguson vino a demostrar que los aficionados a los videojuegos son personas decentes. Sus investigaciones revelaron que, de los 300 niños en edad escolar que participaron en el estudio, ninguno de ellos evidenció la evidencia de una relación entre los videojuegos violentos y el acoso escolar o los comportamientos antisociales.
Pero Ferguson no es el único que defiende esta tesis. En 2013, por ejemplo, 230 académicos suscribieron una carta oficial de denuncia a la Asociación Estadounidense de Psicología en la que pedían que revisaran y retiraran sus declaraciones sesgadas respecto a los videojuegos, con las que condenaban estos productos basándose en pruebas escasas.

Quizá nos atraigan los videojuegos violentos no por que nos inciten a la violencia en la vida real, sino porque nos aportan una sensación de logro, según la psicóloga británica Berni Good, especializada en ciberpsicología, es decir, el estudio de las relaciones entre las personas y la tecnología. "Hemos visto —y nos respaldan los estudios— que las experiencias parasociales en las que se establecen relaciones con personajes de juegos son especialmente útiles para aquellas personas cuyo círculo social es un tanto precario", afirma Goods. "Hay juegos en los que el jugador se puede identificar con ciertos personajes o el argumento y el impacto que estos tienen sobre su bienestar emocional, en especial si están aislados". Como ejemplo, Goods señala The Last of Us, un juego de terror de supervivencia extrema ambientado en un apocalipsis zombi. Llegado un punto del juego, se nos informa de que uno de los personajes principales, Ellie, ha sido víctima de abusos. "Un jugador o una jugadora que haya pasado por una experiencia similar posiblemente no sea capaz de hablar de ello con nadie". El juego apropiado, sin embargo, puede incluso tener valor terapéutico. Los jugadores pueden ver cómo su personaje sobrevive y prospera, apreciar el valor de la perseverancia. Es lo que los psicólogos denominan el efecto de desinhibición. "Con este efecto es como si todo el mundo se hubiera tomado un par de copas de vino, proporcionando el lubricante social necesario para actuar con sinceridad y franqueza", explica. Goods rechaza la idea de que matar zombis en un mundo fantástico haga que a los jugadores les entren ganas de blandir un arma en la vida real. "La gente sabe discernir entre un entorno virtual y uno real", añade.

¿Son, entonces, los juegos violentos beneficiosos? Pues parece probable. Ayudan a mejorar la función cerebral y a desarrollar las capacidades motrices y espaciales. En algunos casos incluso pueden actuar como agente desinhibidor para personas con dificultades para relacionarse. Por otro lado, los juegos son cada vez más un elemento en torno al cual articular problemas como las enfermedades mentales, la depresión y el autismo.
Pero tranquilos: nadie os está diciendo que tengáis que jugar a videojuegos violentos. Solo debéis saber que, si lo hacéis, hay estudios que demuestran que no pasa nada.


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Editado por electric_dream

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