Videojuegos en general

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Jorge García

"Este juego es objetivamente mejor". "A mí no me gusta, pero objetivamente es bueno". "Esa lista no es objetiva". Seguro que estas y similares frases las habéis leído en foros, redes sociales y prensa especializada. Y es que la distinción entre opinión y lo que objetivamente es aparece como un tema constante en este mundillo, que subyace en el pensamiento colectivo y altera nuestra percepción del medio. Ahora bien, ¿realmente es posible establecer una valoración objetiva de un videojuego?

No, desde luego que no.



La voluntad de verdad está presente en la obra de filósofos como Nietzsche y hace referencia a la necesidad de que el todo tenga un orden estable, racional. El origen de esa necesidad de establecer una verdad racional, objetiva e incondicional no es otro que el "miedo al cambio", a la inestabilidad, a la perspectiva de no dominar la realidad.
Posiblemente esa es la razón por la que se tiende a diferenciar entre opinión y valoración objetiva en el ámbito de los videojuegos.

Pero, por mucho que pretendamos ese dualismo, solo hay una posibilidad en el ámbito de los videojuegos (y, por extensión, de toda manifestación artística): es imposible determinar objetivamente el valor de un juego. Una crítica será siempre una opinión. La opinión del usuario de Twitter es una opinión y, en cuanto a opinión, tiene el mismo valor que la del crítico más prestigioso. No hablo aquí de riqueza argumentativa, frialdad o cultura de los que opinan; simplemente me refiero a la verdad que contiene esa opinión.


Pues objetividad y videojuegos son dos piezas que no casan. Lo que un juego te suscite en cualquiera de sus aspectos no puede ser considerado como "bueno" o "malo" de manera universal. Que haya un consenso generalizado tampoco lo permite. Son solo opiniones, valoraciones siempre subjetivas y sin una pizca de objetividad, pues lo objetivo corresponde únicamente a lo que la lógica y las matemáticas nos dicen, a lo empíricamente verificable. Por mucho que nos empeñemos, nunca podremos encontrar nada en los videojuegos que cause la misma sensación en todos los jugadores. Nuestro papel a la hora de apreciar un juego es activo; no somos meros espejos que reflejan la verdad. Nuestras vivencias previas, estado de ánimo o permisividad están inevitablemente configurando esa opinión.

Porque lo objetivo solo puede ser lo universalmente válido, lo independiente de juicios personales. Lo científico y "matematizable". Nada más. Todo lo demás no son sino intentos de establecer esa verdad absoluta que nos salve de la incertidumbre, intentos de "objetivar" lo subjetivo.

¿Resta esto valor la labor de los críticos? ¿Acaso lo que yo pueda opinar de un juego es totalmente inútil? No, en ningún caso hay que desmerecer esa labor. El trabajo del crítico es importante, entendiendo crítico como el que valora fríamente cada obra. Pero fríamente, distantemente no tiene nada que ver con lo objetivo, con lo absolutamente verdadero. Ser frío lo identifico, en este caso, con ser honesto. Con no dejarse llevar por la irracional emoción o factores ajenos a la propia obra. Una opinión bien argumentada y honesta tiene un valor enorme como factor de difusión de conocimiento e información. Y una buena crítica siempre puede ser útil a la hora de decidirnos a adquirir o probar un determinado juego, pues, si bien es cierto que no tienen nada de objetivo, sí que existen ciertos elementos que nos parecen agradables en un videojuego a la mayoría (no a todos). Así que también es evidente el valor práctico que tienen esas críticas.



Pero, al margen de eso, el crítico debe ser consciente de que nunca podrá percibir un videojuego como algo objetivo, como una verdad aséptica y sin adherencias personales. Hay que dejar a un lado esa pretensión de objetividad que no hace sino cargarnos, oprimirnos. Pensemos el videojuego como experiencia subjetiva, pues es la única forma que hay de pensarlo.



Tampoco es comprensible el que se piense en la crítica como en una entidad que refleja objetivamente la realidad del juego. Los periodistas, aun profesionales especializados, no son "poseedores de la verdad". Pueden, como he dicho, "analizar", valorar un juego honesta y fríamente, pero nunca querer que su opinión se vuelva una verdad universal. Además, si de verdad existiese esa valoración objetiva, ¿por qué las notas, símbolo evidente de esta aspiración de objetividad, varían tanto? Si de verdad existiese esa valoración única habría de ser posible establecer un valor exacto y sin fluctuaciones para cada uno de los videojuegos. Pero, aun viendo que esto no es así, que cada revista y cada usuario puede mostrar una opinión completamente distinta, muchos son los que se empeñan en hacer de Metacritic la santa portadora de la verdad. Y, pregunto: ¿Para qué? ¿Qué ganamos con ello?




Aquí lo tenéis en mi blog, por si os resulta más fácil de leer: https://elblogdejorgenieve.wordpress.com/2015/06/10/videojuegos-y-objetividad/
Editado por Jorge García

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